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"Los cuentos tradicionales transmiten valores que estimulan la reflexión infantil"


ENTREVISTA A NICIA GRILLO

NARRADORA BRASILEÑA DE FABULAS Y LEYENDAS POPULARES

 

 

 

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  Con su trabajo, los chicos aprenden sobre sus propias dificultades y fortalezas. También estimula una buena lecto-comprensión y la capacidad creativa.

Nícia Grillo tiene una especialidad poco frecuente: cuenta cuentos. No es una actriz, ni una intérprete preocupada por embellecer sus narraciones. Ni elige cualquier clase de cuentos: sólo las leyendas populares transmitidas de generación en generación, los cuentos folclóricos de cualquier país, las fábulas y leyendas son, para ella, una precisa herramienta. Un trabajo para estimular en los chicos aspectos que cualquier maestro desearía en su clase: una buena lecto-comprensión, la capacidad de reflexión y expresión y la creatividad.

De paso por Buenos Aires, donde ofreció una charla junto con otros educadores, la brasilera Nícia de Queiroz Grillo contó a Clarín cómo funciona la escuela que ella misma creó en los años 80: la Escuela de Arte Granada.

Enclavada en la localidad de San Pedro, cerca de Río de Janeiro, allí se trabaja "con narraciones tradicionales, porque ellas guardan la memoria viva de cada pueblo. En ellas hay una cantidad de sabiduría acumulada a través de los siglos. Dentro de las narraciones originales circulan valores, modelos, información. Eso sí: usamos sólo las versiones tradicionales —advierte—. Porque las otras, las modernizadas, transmiten información adulterada".

Un ejemplo es el cuento de Cenicienta (que tiene más de 500 versiones alrededor del mundo), y que para Occidente termina cuando La Chica se casa con El Príncipe. "¡Muy consumista! Te enseña que si ya conseguiste un príncipe no te hace falta crecer, ni aprender, ni mejorar, ni hacer nada. ¡Pero las verdaderas historias no terminan ahí! La heroína o el héroe tienen que enfrentar muchísimas dificultades, volverse fuertes, enfrentar a personajes malos (que reflejan cosas que todos llevamos dentro). Y aprender, para recién entonces poder compartir la vida con un príncipe o una princesa verdaderos. Si no aprendió, si es ignorante o caprichoso, ¿qué puede hacerse con una pareja así?".

Para trabajar el precioso contenido de estos cuentos, Grillo fue impactada en los 70 por el concepto de educación por el arte, delineado por Herbert Read. Y que usa el texto, la música, la pintura, la expresión corporal, el teatro, los juegos, porque el ejercicio de estas disciplinas mejora la capacidad cognitiva de las personas.

"Para poder montar una obrita de teatro, para pintar o entonar, uno necesita desarrollar la observación, conocer sus cinco sentidos, usar su percepción, concentrarse, imaginar o reflexionar. Necesita ensayar, experimentar, descubrir, repetir: y esos son justamente los pasos de cualquier aprendizaje (ver Cómo trabajar con...)", explica.

Con unos 30 chicos de 3 a 7 años que pasan cada temporada por la escuela, profesores que han sido capacitados en estas técnicas y hasta adolescentes con quienes trabaja, específicamente, en la prevención de adicciones, Grillo consigue uno de sus objetivos centrales: "que los niños sientan pasión por aprender, que quieran saber siempre más".

Una manera de constatar el buen funcionamiento de esta tarea llega cuando los mismos chicos incluyen parte de los personajes o reflexiones de los cuentos en sus propios juegos.

"¡Se identifican con los personajes y hay que ver cómo discuten y opinan! —ríe Grillo—. Pero al reflexionar así sobre el cuento, aprenden a reflexionar sobre sí mismos. O adquieren ideas sobre cómo cambiar cosas en su vida: porque las historias muestran líneas de superación, solución de problemas, algunos recursos, ejemplos sobre amistad, solidaridad, saber elegir o entender el tiempo y el lugar adecuado para las cosas.

Los ejemplos son miles: "por ejemplo, los relatos bíblicos: cuando un niño tiene miedo ante algo que es muy grande, y se acuerda de David y el Gigante Goliath, sabe que una vez hubo un chico que tuvo fuerza, coraje y utilizó sus propios medios para superar las dificultades. Daniel en la Cueva de los leones, es un niño que no tuvo vergüenza de su propia opinión en una época en que estaba prohibido pensar como él. Al narrárselas, los vamos llenando de esos términos de referencia, que usarán cuando los necesiten: ¡es como tener plata en el banco!— concluye—. Y los apoyamos no para que se conviertan necesariamente en artistas, sino en personas que sepan mirar, respetar la naturaleza, reconocer la belleza, tocar a otro con habilidad, o conversar. Artistas no de una disciplina sino de su propia vida".
La experiencia en la Argentina


Mariana Fernández se formó en la Escuela de Arte Granada y en la Fundación Girasol, donde los principios de Grillo se aplican en la prevención y recuperación de adicciones. Además, enseña escuelas humildes y da talleres para docentes en el Centro de Investigación Educativa (CIE), en el partido de Esteban Echeverría. "Partimos de la hipótesis de que las historias nos dan herramientas o determinan decisiones que tomamos al crecer".

Fernández relata un ejemplo de su experiencia con un quinto grado de una escuelita en la localidad de 9 de julio, con chicos que tenían profundos problema de expresión oral y escrita.

"Trabajamos el cuento del hombre que se repetía a sí mismo que tenía mala suerte. Tan convencido, tanto lo repetía, que finalmente todo le salía mal. Y estos chicos hacían lo mismo: se repetían a sí mismos no puedo, no sé, no consigo, me da vergüenza —relata—. En el cuento se dieron cuenta de lo que hacía el personaje. No necesitamos decirles: '¿ven? Ustedes son como él'. Simplemente lo contamos, diferenciamos las acciones, personajes, lugares. Y el cuento, como entra por otra vía, ellos no reaccionan como reaccionan siempre y pueden salirse del padrón habitual". Ante el asombro de sus docentes, chicos que casi no hablaban peleaban por contar su versión, sin omitir detalle.

Según Fernández —quien también enseña en el Instituto Municipal de Educación por el Arte (IMEPA) de Avellaneda— "a través de la metáfora los chicos elaboran cosas difíciles de trabajar de manera directa".

Y relata la historia de una nena con mutismo selectivo, que pedía que le repitieran el cuento de una chica que podía transformarse en árbol. "Un joven la vio y se enamoró de ella y le pidió que se transformara en ese árbol tan bello, que él, en su ansiedad, se acercó y rompió ramas y flores que dañaron el árbol y, por lo tanto a la muchacha. El joven tuvo que hacer un viaje donde aprendió muchas cosas y consiguió una pócima para curar al árbol. Y recién entonces pudo volver con su amada. Esa niña volvió a hablar. Y lo primero que dijo es que ella se sentía parecida al árbol".

Cómo trabajar con los chicos

Algunas de las claves de su trabajo son:
·  "Nosotros trabajamos un mismo cuento durante semanas, o un mes entero, tomando distintos aspectos de cada historia. Los chicos los dibujan, hacen collage, teatro, le ponen música, hacemos un librito entre todos, expresión corporal, o cerámica. O lo que ellos propongan. Y luego acompañamos la reflexión: ¿Qué piensan de este personaje? ¿Por qué hizo tal cosa?
·  "Nos preocupa el analfabetismo funcional: esa gente que sabe leer y escribir pero que no comprende lo que lee, y arrastra eso hasta la universidad. Entonces les pedimos que digan algo sobre la palabra 'magnánimo', por ejemplo, que aparece en un cuento. Y buceamos adentro".
·  "Hay gente que confunde obediencia con sumisión. O tienen prejuicios sobre palabras como inocencia, familia, niño, princesa, viejos, pueblo... ¡Hay quien no le gusta la palabra aprender, porque le enseñaron que es humillante no saber! Entonces, hay que limpiar, restaurar las ideas.
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Alejandra Toronchik.
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